La mayor dificultad en la práctica de la filtración de los vinos es la incertidumbre del colmataje, en términos económicos y su consecuencia sobre la calidad del vino. Esto concierne no sólo a las filtraciones antes del embotellado sino también a las filtraciones intermedias o preparatorias (filtraciones a lo largo de la crianza, o efectuadas antes y después de los tratamientos de estabilización). Lo que conduce a reflexionar sobre la mejor preparación del vino para la filtración y simultáneamente a efectuar la buena elección del medio filtrante. A partir de los años 1970-1980 donde la filtración de los vinos suscitaba mayor interés (Gaillard 1976-Guimberteau, 1976 - Laurenty y Descout, 1977 – Serrano, 1981- Romat, 1983) con el abandono del amianto (1977), y las primeras aplicaciones de las membranas, por un lado tenemos ahora vinos en general de constitución más rica con consumidores más exigentes, y por otro lado la filtración de los vinos se ha vuelto más « tecnológica ». Pero, en sentido físico, los vinos no son soluciones simples, sino soluciones complejas que contiene partículas (diferentes en tamaño y naturaleza, y más o menos filtrables), microorganismos y también coloides. Estos últimos constituyen una parte importante en los problemas de clarificación y filtración, y al mismo tiempo son constituyentes de su calidad. En consecuencia, los materiales y técnicas aplicados a los líquidos en general (bebidas simples, líquidos químicos o farmacéuticos) no se aplican siempre fácilmente para los vinos, y arrastran frecuentemente numerosas consecuencias enológicas negativas, caracterizadas por las degustaciones desfavorables, sobre todo en los vinos de buena calidad (Romat 2006). La filtración de los vinos se mantiene, y debe mantenerse como una etapa enológica importante, para la mejor presentación del vino al consumidor (garantizar el respeto cualitativo y organoléptico, como también la mejor estabilidad microbiológica), y debe ser económicamente previsible. De este modo es propuesta una nueva caracterización de la filtrabilidad de los vinos calculada por un « Coeficiente de Colmataje » (CC), definiendo el colmataje potencial en relación a un material determinado.